sábado, 18 de marzo de 2017

Libros






 La calle de los pàjaros (poemas),  de Ana Gervasio. Buenos Aires
126 pàg. 20 x 14 cm. ISBN: 978-987-45445-5-1
Foto portada: María de los Ángeles Gervasio.
Prólogo: María Iribarren.
LindayFatal Ediciones.
Buenos Aires. 2015.-
 
en vuelo
 
afuera los carteles piden piedad desde el hastío,
las plazas ofrecen su boca de fruta dulce,
el viento acaricia las alas de piedra
de los ángeles dormidos.
—algunas rejas encarcelan el aire—
me parece escuchar el crujido de un sueño:
una playa lejana,
un roce imperceptible en mi vestido de arena
y en el desgarro de mi corazón se encauza un río.
 
                                                            pág. 37
 
de relojes y espejos
 
suele terminar del otro lado del cielo
a veces se extiende un poco más allá,
incluso atraviesa la trinchera
pero siempre termina. es un instante. un leve instante,
parecido al vuelo de un pequeño misto.
conspiran los relojes,
intercambian disfraces y fetiches
levantan estandartes de cáscara y espuma
y después, en los espejos,
aparece una sombra con la misma sortija que yo usaba:
aquella de la piedra preciosa del amparo.
entonces quisiera dormir, porque siempre termina.
es apenas una tenue brisa,
un antiguo retrato, un destello de sol.
el recuerdo de un sueño.
quisiera dormir, cerrar los ojos para siempre
(pero me crecen flores en la espalda
y me deslumbra el esplendor de este vestido nuevo)
 
                                                          pág. 83
 
la calle de los pájaros
 
tenía pocos años, zapatitos de domingo
y un sombrero de fieltro esperando en el andén,
un perfume de lluvia entre las sábanas,
aquel sabor a helado de limón con lágrimas
y un brutal deseo de vivir.
él dormía, ella también.
(fue en la habitación pequeña. estaba sola.
el silencio gritaba socorro en esa reclusión del universo)
la calle de los pájaros tomó un color impropio,
ajeno a la tibieza de la almohada
el rocío destrozaba fulgores contra el vidrio
y preferí salvar en el aire las caricias,
defender la ventana que me pertenecía.
no sabía de destierros
ni de ráfagas de olvido
aún guardaba intacto el sonido de la vieja estación
sin embargo,
me pareció que el cielo se anticipaba al tiempo:
alcancé a ver una sombra
que moría en la pared
y tuve miedo.
fue la primera vez
que escuché a los árboles
sollozar ausencia.
 
                                 pág.84
 
Ana Gervasio
Naciò en la localidad de Italò (Còrdoba). Reside en la actualidad en Buenos Aires.


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