lunes, 18 de diciembre de 2017

El Rescatador

Publicado en Revista Literaria “Mapuche “. Año 1 –Nº 6  - Octubre- Noviembre de 1982  (impresa)

El don de las letras y las Palabras (Ii Parte)
 
Página confeccionada por: Celso R. Dalmasso - Huinca Renancó (Córdoba)
 
Oímos decir o leemos últimamente: “FULANO OFRECE SUS BUENOS OFICIOS” ò “FULANO DESEMPEÑA BUENOS OFICIOS”queriendo decir que realiza una tarea reconciliadora o intercede entre dos partes litigantes. El diccionario  nos dice de la palabra oficio: “Ocupación, cargo, profesión, trabajo. Función propia de una cosa. Acción o gestión en beneficio o en daño de alguno. Comunicación escrita que media entre individuos de varias corporaciones particulares sobre sus asuntos”. Si bien desempeña esa acción no es un mediador o árbitro de determinada cuestión, en el caso de ser persona de mala fe , puede llegar a influenciar  para que triunfe determinada parte, tal como sucedió con los “buenos oficios”  del Sr. Alexander Haig, que por obvio no explicamos.
Se desprende que sería más acertado decir: “FULANO OFRECE SUS OFICIOS”, “FULANO DESEMPEÑA SUS OFICIOS”etc … ya que podemos comprobar . los “Oficios” pueden son ser tan buenos.

Ignacio B. Anzoátegui (h)

Resultado de imagen para Ignacio B. Anzoátegui (h)


Cuando encuentres …
 
Cuando encuentres
que , ausente de la gente que nos mira y nos rodea,
enteramente lejos,
camino con los ojos en el suelo
por una calle azul, verde, cualquiera;
 
y digas mi nombre para acompañarme
y yo no conteste;
y busques razón valedera
para mi silencio, y no la halles,
te ruego que creas
que los hombres andamos
con músicas raras,
por los laberintos de alguna tristeza,
por los recovecos oscuros y lentos
de la conciencia,
por sueños viejísimos que - de pronto - vuelven
a vivir con uno,
a trepar por uno, como enredaderas,
A veces, los hombres tenemos
recuerdos vitales, dormidos, callados, vitales; raíces
adentro del cuerpo - debajo de esta
presumida y pobre cáscara de tierra -
con las que debemos conversar a solas
dialogar ausencias.
No quieras llamarme
cuando veas que camino
con los ojos sobre los zapatos, esquivando el tiempo,
por una calle azul, verde, cualquiera.


Quedan tantas zonas
 
Quedan tantas zonas desoladas
todavía en mi corazón,
tantas  voces en el vacío,
tantos desiertos
incurables de toda curación y oscuridad,
que tiendo a callarme y a mirar
con avidez la vida
y la luz.
Hablé lo irremediable;
le puse música a lo irremediable.
Para que, de ahora en adelante,
hablen por mí mis canciones;
respondan a las preguntas
mis canciones;
sacien las dudas
mis canciones.
Y yo no hable más.
 
(del libro: “Poemas sin guitarra”)

 Nació en Buenos Aires un 20 de septiembre de 1935. Falleció el 20 de julio de 2009.
Su padre, del mismo nombre, también era poeta. Fue autor de "Zamba para Javier" y "Cantata familiar". Además de su parte artística, dirigió durante algunos años la FM de Radio Nacional y era miembro activo de la Academia Argentina de Folclore, junto a sus pares Rodríguez Villar, Ramón Navarro y Teresa Parodi, entre otros.

Libros

Resultado de imagen para cafeina eduardo bechara baracat

Cafeìna (narrativa) , de Eduardo Bechara Baracat. Deàn Funès (Còrdoba)
164 pàg. 21x15 cm. ISBN 978-29042-4-1
Ediciòn al cuidado de Gastòn Sironi
Foto y diseño de tapa: Juan Premat.
Foto de solapa: Sergio Sandona.
Ediciones:  Viento de Fondo y del Galàctico Flâneaur.
Còrdoba (argentina)
2016.-

Con la cafeína en la sangre correría detrás detrás de un destino de grandeza, como los escritores que habitan mi panteón. Mi obra surgiría y permanecería entre los humanos, por los siglos de los siglos.
Èse era el plan.
Todo cambiò después de aquel episodio



La vuelta del mapuche
(fragmento)

El aire fresco nos despierta. Nos produce el deseo de salir a la intemperie. Estamos en una tierra virginal, exuberante. Y sobre todo digna: acá no manda el hombre blanco.
Lorena, Azahar y yo llegamos en ómnibus desde Frìas, capital del calentamiento global, a la casa de Victoria y su esposo, el doctor Cosentino, nuestros amigos de Fiske Menuco, pantano frìo en lengua mapuche, porque nadie quiere pertenecer, a una ciudad que se llama General Roca, a quien la historia moderna le ha revocado su estatus de prócer……

                                                           pàg. 21

Euardo Bechara Baracat.  
Publicò: Creaturas del Mandala, Patria del Viento. Escritor.
Dèan Funes (Còrdoba). Reside en Frìas (Sgo del Estero) Argentina.

Betty Badaui

Resultado de imagen para Betty Badaui.

Ese hombre
 
Ese hombre
que revolotea
   alrededor
del nido de un colibrí
ha dulcificado
sus montañosas
   manos.
 
Ese hombre
 creo que llora
cuando escucha los sonidos
  del agua.
 
Ese hombre
la estremece
se estremece
y su presencia rememora
que ella es de fuego
           y volverá al fuego
que es de agua
           y volverá al agua.
.
Ese hombre...
 
 
  Los niños del frìo
 
El agua fría,
regidores ,
todos...
La que enferma garganta,
laringe,
todo...
Es ésa
de los pobres,
la de las mañanas
de invierno
con su alma de escarcha
en la canilla de un patio.

 Poeta, narradora
Publicó:” Los oficios del milagro", en coautoría con los escritores Alicia Cámpora, Carmen Landaburu y Armando Del Fabro, año 1986."Entre las cinco y las seis tiene que parir el sol", cuentos y poemas, ediciones eneybe,  año 1993. "Ivo", libro de cuentos, editorial UNR editora, año 1998.
Rosario (santa Fè) Argentina
 

Renato Marcelo Elgueta,

¡Soy tan ridìculo como ustedes!
I
Absurdo es escribir con la máscara puesta.
Lanzar una piedra a un vidrio y que estallen flores.
Una violencia con el único derecho de poder hablar.
La timidez de la metáfora.
 
II
Los edificios son tan grandes e indiferentes al sol
y a todo lo aventurero e ignorante.
Algunos llaman a las almas supuestas en el cielo
que desde siempre han estado bajo tierra.
¿Extrañará alguna vez el petróleo la tierra de donde vino?
¿Buscará el reloj la manera de cambiar la dirección del giro?
Las divagaciones son el peor vino para olvidar.
 
III
Debilidad o flojera...
soy decepcionantemente brillante.
Un don inimaginable y ridículo.
He recreado el río de la historia
con berrinches y contras
de manera que verán lo rojo de mi sangre,
de manera que verán lo rojo de sus sangres.
¡Soy tan ridículo como ustedes!

 Chile.

Carlos Ighina

Resultado de imagen para carlos ighina


La gambeta, el equilibrio y la corrección del Manco Pérez

Mens sana in corpore sano; así, en latín, sin necesidad de traducción alguna, es la frase que se viene repitiendo con noble intención desde dos milenios a esta parte. En realidad son las palabras finales de una sentencia de más extenso contenido y de carácter religioso, pues Juvenal, poeta cristiano que vivió en el siglo I después de Cristo, las incluyó como integrantes de una reflexión que, en su visualización total, hallable en sus Sátiras, dice de esta manera: Oratum est ut sit mens sana in corpore sano.
Vertido este pensamiento al castellano puede interpretarse como que “uno sólo debe rezar por una mente sana y un cuerpo sano”.
Desde ese tiempo se ha pensado en la necesidad del deporte como aporte vital a la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. La integralidad del hombre y su vocación trascendente, a la luz de la doctrina del Nazareno, conducía de esta manera a un concepto de unidad que rebatía la dualidad enunciada por Aristóteles entre cuerpo y mente. Idea que compartían pensadores como Isócrates, Eurípides y el mismo Galeno, quienes fueron críticos de los objetivos de los juegos olímpicos de los antiguos griegos.

En la Edad Media se intensificó aún más esta dualidad, pese al apotegma de Juvenal, desglosándose el cuerpo de lo anímico, de tal modo de considerar la atención de lo físico como obstáculo para alcanzar la plenitud del alma.
Recién en el siglo XVIII se asoció la educación física a la moralidad del hombre y en el siglo siguiente es cuando cobra vigencia generalizada el lema de Juvenal. En 1902 volverían los fastos deportivos de los griegos con la organización del Comité Olímpico Internacional y la acción del barón Pierre de Coubertin.
Sin embargo, los triunfadores en las diversas competencias dejaron de ser considerados semidioses para humanizarse el concepto de deportista. Es así que se difundió la propuesta del deporte por el deporte mismo, como una actividad propia del hombre, desvinculada de triunfalismos y despreocupada de los perfeccionismos físicos.
Volvemos así a la unidad alertada por Juvenal y donde moran cuerpo, alma y espíritu, donde la mente se funde con los músculos y se coordinan para dar el paso que les corresponde en el universo.
Dejadas estas consideraciones, es nuestro deseo referirnos a los mancos y, en particular, a un manco próximo en el tiempo y en la idiosincrasia que nos define, en la seguridad de que ser manco no es una discapacidad sino una circunstancia, nada más que ello. Y esto, para poner en claro que no es necesario poseer un cuerpo perfecto para disfrutar de un corpore sano. A algunos ejemplos nos remitimos.
Miguel de Cervantes Saavedra fue soldado, versificador, novelista y también manco. Las aventuras de su inolvidable manchego, el inefable don Quijote, son la prez y honra de la literatura castellana. El luego fecundo escritor fue primero partícipe de la célebre batalla naval de Lepanto, en la que se definió la suerte de la cristiandad, a bordo de la galera “Marquesa”, en cuyo transcurso quedó “estropeado” a consecuencia de un arcabuzazo lanzado desde una nave de la flota turca. En realidad, este notable hijo de Alcalá de Henares no perdió su miembro sino que quedó tullido de la mano izquierda, lo que no le impidió legarnos la inmortalidad de sus escritos.
La historia argentina recoge la fama de otro manco, el general José María Paz, que acompañó a Belgrano en las batallas de Salta y Tucumán. En el encuentro de Venta y Media, mientras realizaba una recorrida de avanzada, un tiroteo originado en el campo realista lo hirió en su brazo izquierdo, inmovilizándolo de por vida. Sin embargo, ello no fue obstáculo para que luego se convirtiese en un gran estratega y comandase las fuerzas argentinas en la definitiva batalla de Ituzaingó, punto culminante en lo bélico en el enfrentamiento con el Imperio del Brasil.
En tanto, ciñéndonos al deporte, que es el ámbito en el que mayor difusión tuvo la aseveración del poeta del siglo I, y ubicándonos en Argentina (es decir aproximándonos en el espacio y en la actividad a la personalidad que queremos presentar) es oportuno detenernos en dos figuras sobradamente reconocidas.
En 1965, Victorio Casa, a la sazón destacado futbolista de San Lorenzo de Almagro, se detuvo con su Fiat 600 en un lugar no permitido en las inmediaciones de la Escuela de Mecánica de la Armada –cuyas siglas, ESMA, serían demasiado conocidas poco más de 10 años después por otras infelices razones- y recibió una descarga de ametralladora que le produjo la pérdida de su brazo derecho. Con gran espíritu, Casa o Casita, como también se lo llamaba, volvió a la práctica del fútbol. Se reintegró a la primera azulgrana y luego prolongó su carrera por cinco años más en Platense y Quilmes.

En 1989, el corredor motonáutico Daniel Scioli sufrió un accidente en aguas del Paraná y debió ser amputado su brazo derecho. Como Casa, retornó a la actividad deportiva, obtuvo nuevos lauros y, entre otros desempeños, invitado a la acción política, también ocupó cargos como el de vicepresidente de la Nación y gobernador de la Provincia de Buenos Aires.
Apoyándonos en estos antecedentes, que en todos los casos elevan la capacidad humana para la superación de contingencias en principio de delicada consideración, llegamos a la persona y a la personalidad del “manco” Pérez, tan entrañable para los nostálgicos del centenario Club Universitario y ejemplar para toda una década del fútbol cordobés.
Siendo un niño de apenas diez años, jugando como todos los de su edad, trepó con bríos a un árbol, perdió pie y la violenta caída le significó la amputación del brazo izquierdo.
Esto sucedió en Río Cuarto, en el seno de una familia que lo contuvo y rodeado de una barra bulliciosa y activa que lo incluyó decididamente. Así participó en todos los juegos y particularmente en el fútbol, donde se destacó por sus cualidades particulares. Pronto fue un futbolista reconocido y la afición de la “Trapalanda” lo vio partir con admiración y cariño.
Conocedor ya de los secretos de una cancha, llegó a Córdoba con el propósito de estudiar abogacía y se acercó a Universitario. Pronto se fueron concretando sus propósitos: estudiante de derecho, pasante en Tribunales y titular en el primer equipo del Club Universitario.
En las canchas sorprendía por su habilidad para la gambeta, su quiebre de cintura y su raro equilibrio. Su prestancia iba paralela a la caballerosidad deportiva, lo que le granjeó el respeto de todos y la adhesión de la vibrante hinchada de guardapolvos blancos. Era un capitán indiscutido. Daniel Salzano, desde sus ojos de pantalones cortos, lo veía emerger así al frente de la escuadra: “Llevaba la manga corta y vacía sujeta por un alfiler de gancho y entraba a la cancha llevando la pelota sujeta entre el pecho y la nada”.
Sergio Osvaldo Avedano, odontólogo, escritor, editor y delantero de la primera de Talleres nos dejó un sentido pensamiento acerca del manco Pérez: “Uno no sabe en qué cualidad destacarle; en la limpieza de sus recursos, en la agilidad de su cuerpo, en la prolijidad de su juego, en la extraordinaria flexibilidad de sus piernas, la elegancia de sus caídas o la educación y el respeto por sus rivales y compañeros”.
Después del fútbol fue abogado, fiscal, juez, dirigente deportivo y -siempre- un hombre de bien. El mismo Salzano, extrañado escritor, poeta y maestro de la metáfora, lo dijo todo cuando escribió: “Si me tuviera que operar de apendicitis, yo hubiera exigido que me operara el manco”.
Creemos que no habría demasiado desacuerdo entre Salzano y Juvenal…


Còrdoba Capital (Argentina). Abogado, Notario, Porfesor de Ciencias Jurídicas e historiador de Córdoba. Premio Jerónimo Luis de Cabrera 2010 y creador del circuito de visitas históricas y culturales por el Centro de la Ciudad